No matter what: God is with me

Dulce Urizar

A UMNS Commentary by Dulce Urizar: A story of the Latino ministry at Lehman UMC in Hatboro.

It was 9 p.m. on October 10, 2010. I was in my living room when suddenly, I heard noises coming from my son Mike’s room. I encountered a horrible surprise. Mike was choking on his own vomit. He was purple, and for a moment, he stopped breathing.

Terribly scared, I moved Mike’s head to the side so he could breathe. A couple of seconds later, he came out of whatever he was going through. He told me his head hurt. I took him to the emergency room, but the staff told me very little. A month later, Mike had a similar episode.

At age 3, Mike was diagnosed as autistic. A couple of weeks ago, the neurologist told me more sad news; Mike is also epileptic. Mike, now 8, attends a school where he receives therapy. With much work, he is trying hard to adapt to a world that cannot fully understand him.

A great percentage of marriages split when a couple faces a reality of a child with autism or mental health challenges. My marriage was not the exception. After Mike’s diagnosis, his father and I separated.

This was a sad and lonely time in my life. It was very hard to try to get help for Mike. I did not know English and could not find an interpreter to help me. I did not want to live anymore. I started gaining weight, and my health began to deteriorate. I stopped believing in God.

Someone told me about Lehman United Methodist Church in Hatboro, Pa., where an immigration lawyer was helping people with their immigration status. I decided to see if my status could be adjusted.

I met Pastor Luky Cotto, who had recently come from New Jersey to start a Latino ministry. She gave me papers to complete. One of the questions was: Do you want or need Bible study? Hiding my resistance, I took the papers and filled them out. As mentioned earlier, I no longer believed in God.

A little while later, Pastor Luky called me, and we had a meeting. I became one of the very first sheep that joined her ministry. Because of her energy and the way she talked to me about God, I started believing. I gave my life and my son’s life to God. Immediately, blessings started to pour out from everywhere.

I lost 50 pounds. Little by little, my health started improving, and I recovered from anemia. I started studying English. I no longer need an interpreter. I realize everything happens for a reason, and I will believe this until the end of my life.

I know God gave me a special child because God knows I will take care of Mike as nobody else could. Sometimes, I do not understand what is happening. However, I know my Creator always finds a way so I can find meaning no matter what happens. I trust completely in my Lord. I know God is — and will always be — with me.

My life changed, thanks to The United Methodist Church. This church takes care of people who, like me, have lost faith in God because of different and difficult circumstances. I especially thank God and Pastor Luky Cotto. :Luky became my light at the end of the road. She gave me back my faith, and now I know God is with me all the time.

I am living in Wisconsin. My fiancé loves my son and me a lot. One of my dreams is to adjust my legal status, continue to study and find a job where I can help mothers who have special children and do not know where to find adequate help.

I trust God will take me wherever God wants me to go and will give me the ministry set aside for me. Mike will be cured because God is good, and yes, God is real!

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*This article, first published on the March/April issue of el Intérprete magazine, was translated by Luky Cotto.

Pase lo que pase, Dios está conmigo

Eran las 9:00 p.m. del 11 de octubre de 2010. Estaba en la sala cuando escuché unos ruidos en el cuarto donde Mike dormía. Cuando fui a ver qué pasaba, me encontré con la horrible sorpresa que Mike se estaba ahogando en su propio vomito. Estaba morado y, por un momento, dejó de respirar. Aterrorizada, moví su cabecita de lado para que pudiera respirar, segundos después

recupero la conciencia y me dijo que le dolía mucho la cabeza. Fuimos a la sala de emergencia para que lo examinaran, pero no me dijeron prácticamente nada. Un mes más tarde tuvo un episodio similar.

Mike fue diagnosticado con autismo cuando tenía 3 años. Hace unas semanas, el neurólogo me dio la triste noticia que también padece de epilepsia. Ahora Mike tiene 8 años y asiste a una escuela donde recibe terapia, y con mucho trabajo se adapta cada día a un mundo que no puede entender y que por más que trata es muy difícil para él.
Un gran porcentaje de matrimonios se separan al tener que enfrentar la realidad de un hijo con autismo o discapacidad mental, yo no fui la excepción. El separarme del padre de Mike y el diagnóstico fue una etapa muy triste de mi vida. Además, fue difícil obtener los servicios que Mike necesitaba, porque no hablaba inglés y no podía encontrar un intérprete. Llegué a pensar en que ya no quería vivir. Ya no tenía ningún sentido. Subí de peso y mi salud se deterioraba día a día. No había nada que valiera la pena y hasta deje de creer en Dios.

Un día me dijeron que en la Iglesia Metodista iba a estar un abogado de inmigración. Así que, fui para hacerle preguntas sobre cómo arreglar mi estatus legal. Allí conocí a la pastora Luky Cotto (Lehman Church, Hatboro, Pa.) que acababa de llegar de NJ para empezar un ministerio latino, ya que la iglesia no contaba con uno. Me dio a llenar unas hojas para saber si necesitábamos

estudios bíblicos, y solo para no ser grosera las llené porque yo había dejado de creer en Dios.

Poco después la pastora me llamó y me reuní con ella. Fui la primera de las ovejas que llegó a su ministerio. Con sus ganas de vivir y la manera que me habló de Dios, yo volví a creer. Le entregué mi vida y la vida de mi hijo. Desde ese día cambió mi vida. Empezaron a llegar las bendiciones por todos lados. Bajé 50 libras de peso y, poco a poco, mi salud y estado anímico regresaba a la normalidad. Hasta me puse a estudiar inglés y he aprendido bastante, ya no necesito un intérprete. ¡Puedo hacerlo todo yo solita! Ahora sé que todo pasa por una razón, y así lo voy a creer hasta el último día de mi vida. Sé que Dios me dio a un niño especial porque sabe que yo lo voy a cuidar como nadie más podría hacerlo. Hay días que no entiendo lo que pasa, pero mi Creador busca la manera de que todo tenga sentido. Confío plenamente en el Señor y, pase lo que pase, sé que esta y estará conmigo.

Mi vida cambió gracias a la Iglesia Metodista Unida. Me gusta la forma como se preocupan por hacer el bien a personas como yo, que perdimos la fe por algún momento triste de la vida. En

especial, le tengo mucho cariño a la pastora Cotto, que fue la luz al final de mi camino.

Ahora vivo en Wisconsin con mi actual pareja que es un hombre bueno, que me quiere mucho a mí y a mi hijo. Ahora tengo muchos sueños, quisiera arreglar mi estatus legal para poder estudiar y tener un trabajo donde pueda ayudar a muchas madres que están solas en este país y que sus hijos tienen problemas, pero que no saben a dónde recurrir por el idioma o por ignorancia. Confió en el Señor que me sabrá llevar a donde él quiera. Mike se va a curar porque el Señor es bueno, y ¡Sí! ¡Dios existe!

–Dulce Urizar
durizarocampo@aol.com

el Intérprete, marzo-abril, 2011:
http://www.umc.org/site/c.lwL4KnN1LtH/b.2880277/k.EA17/Portal_en_espa241ol.htm